jueves, 18 de junio de 2009

LUSTMORD de Jose Luis Carranza

Hace tiempo que no escribo sobre algunas muestras interesantes, aprovecharé las ganas que han vuelto y aquí les comento sobre la muestra de Jose Luis Carranza, LUSTMORD en la galería 80m2 de Barranco.
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Jose Luis Carranza es un joven pintor que en su trayectoria de cuatro muestras individuales nos recalca que su es pintura suelta con violenta libertad en su mano. La rapidez y certeza en dónde acabará cada color producto de viscerales conductas internas hace que nazca ordenadamente una desesperante composición que poco a poco nos narra la real somnolencia que a él y a muchos nos aqueja dentro de una locura personal y privada. La conjunción de especies dentro de un cuadro que parece que poco a poco se reduce dejando sin aire a estos, priva de ese espacio tranquilo que todo ser anhela. Humanos deshumanizados, mamíferos e insectos convivientes y una flora figurativa que se puede derivar hasta largos trazos de un envidiable -a título personal- pincel que avanza aturdido por pisotear la blancura del fondo blanco que se presenta virgen.
Un conejo que parece explotar por su viva putrefacción es el síntoma de nuestro deterioro que poco a poco nos lleva a una adultez solitaria y agobiada por nuestros espacios cerrados, hartos de sentir el disgusto de vivir con una apariencia lozana o "blanca" aqui es mostrado colapsado y quieto, con una dirección fija, a punto de estallar en una velocidad típica de su especie. Y es que aqui corre una pregunta en torno a una moda justificada bajo la sombra de la contemporaneidad global, ¿es necesario criticar una sociedad de medios con sus ataques subliminales de poder sin tocar desde un principio la demencia humana con que este mundo nos entrena? Una situación cíclica quizás. Pues aquí Carranza no "trata" ni "apuesta" por responder directamente este tipo de pregunta cliché, sin embargo, simplemente bajo esa joven maestría de violar ese vacio que todo ser quiere llenar nos resuelve de una forma pura, ordenada y rica en cromatismos impactantes esa visión compositiva que a veces tenemos de nuestro mundo, ese estrujamiento que nos ataca de vez en cuando y hace que nuestros ojos, como los de sus personajes, se abran de una forma espeluznante y enamoradiza de un lugar que no se ve, de un lugar quizás de esperanza de supervivencia, del olvido de una carencia que esta ahí y que con desesperación clínica, tan típica en nuestros actos de excitación, tratamos de conseguirlo.

Bueno, entonces que sigan los balazos de una sola palabra, una que resuma lo que sus tripas y corazón escojan a dedo, una selección de capítulos perennizados al óleo que reflejen nuestros momentos, como especie en decadencia que somos.