sábado, 18 de octubre de 2008

RESEÑA: Juan Javier Salazar y sus 50 grandes no éxitos.

Hablar de los 50 grandes no éxitos de Juan Javier Salazar sería formidable, pero yo no los conozco ni a él ni a su trayectoria plástica. Es la primera vez que veo en exposición una muestra que siempre he esperado y que ahora comentaré como experiencia. Tenía esta esperanza desde que vi un cojín/peluche en forma del territorio peruano con rabo, todo cubierto con piel de otorongo. Me explicaron quién hizo esa obra de arte bajo un concepto a mi percepción humorístico pero, en verdad no estaba hecho para reír. Después en un par de visitas a una galería vi unos huacos en forma de latas de conserva, tuve la misma respuesta y creció el interés inicial sobre este artista que maneja conceptos visuales y que a veces es claro y ahora no tanto, pero eso, en lo absoluto, no lo veo mal.


Sin hacer investigaciones – a voluntad propia- traté de hacer una relectura de visitante hacia esta muestra Transportes Aparicio-entre el tren fantasma y el túnel del amor, que va en la sala Ricardo Palma de Miraflores y pude encontrar a un artista lleno de discursos con un posible punto de ataque que me atrevo a enunciar con facilidad; el poder humano dentro de un espacio popular. Posiblemente un poder político, un poder natural o finalmente, un poder de rechazo más el poder natural hacia el poder político de la historia y de la actualidad. Desnaturalizar los íconos tan manoseados como un billete histórico en que crecía de valor en pocas semanas en la década de los ochenta del primer gobierno de Alan García y darles un significado más real que de su antigua función, o de cubrir con una acertada piel al primer ladrón occidental de nuestra historia como Francisco Pizarro en su versión de estatua de plazuela; la casi muerte de un desordenado y preocupado personaje de apellido Aparicio, debido a un mundo de voces mentales desprendidas del mundo bastardo de imágenes o titulares sangrientos de papel y que, como nosotros, nos suelen maniobrar en dirección al caos.

La fuerza narrativa y visual de JJS, enriquece el lenguaje que posiblemente nos falte adquirir para representar una escena intrascendental, una visión de a diario, una en donde el choque de un bus en una carretera sea mucho más que un choque, y se convierte en un problema personal, y que siendo personal se vuelva público. Esta narración que nace del cómic titulado igual que esta exposición, es la circunstancia del hombre envuelto en mucho más que sentimientos reconocibles, es el momento en que - como las esculturas también expuestas- somos devorados en fases y sufrimientos, a la vez que somos percibidos con ojos de placeres.




Aquí una reseña hecha por Miguel López.
También un fragmento del texto de José Medina para la revista ArtMotiv-aquí.