jueves, 6 de noviembre de 2008

Hoy se inaugura nueva galería de arte Amelia Pinzás con Las Caras de Jano

Nose cuántas van en la actualidad, y si alguien me lo dice se lo agradecería. Hablo de la cantidad de galerías de arte en el Perú, y en nuestro caso, en Lima. Por lo tanto es una buena noticia saber que poco a poco a lo largo de este año se hayan abierto dos salas de arte como Revolver y eStar, y que están funcionando con una buena acogida, y que ahora, se les sume una nueva alternativa como lo es la galería Amelia Pinzás en Barranco.
Inaugurando esta galería, hoy se presenta la exposición colectiva Las Caras de Jano, en donde 15 artistas nacionales presentarán sus trabajos más recientes.
Aquí la dirección de la galería -ya que no se aprecia bien el el flyer- y recomendándo que la visiten (Cajamarca 202, Barranco. Espalda del colegio Los Reyes Rojos). La muestra va hasta el el 26 de noviembre. También les dejo con el texto escrito por Iván Fernández-Dávila quien también expone aquí.



LAS CARAS DE JANO

Pintar es difícil. No se sabe todo lo que conlleva si no se padece la condición de pintor. A la mezquindad del medio, la inestabilidad económica y la soledad inherente a este modo de vivir se agregan la incomprensión y la tentación de caer en lo fácil, en la complacencia, para satisfacer un afán de reconocimiento fugaz o una real urgencia material. Estos jóvenes pintores que inauguran la nueva Galería de Arte Amelia Pinzás lo saben. Y sin embargo, el gran retrato que emerge de la conjunción de todas las pinturas expuestas, no decepciona. Ya lo dijo el viejo maestro Lucian Freud: “Todo es autobiográfico y todo es un retrato”. La diversidad, la tensión, que se generan en el diálogo entre las pinturas expuestas en realidad evidencian la monoteísta devoción que profesan estos artistas al pigmento y los aceites, aquí lo realmente valioso es que todos tienen fe en su trabajo y dedican sus horas y sus días a pintar, a fraguar tercamente el rostro bifronte de Jano. Los hay quienes miran hacia delante y utilizan herramientas contemporáneas digitales, como proyecciones o impresiones, en tanto están aquellos que se nutren de las vanguardias históricas aferrados al uso exclusivo del pincel y la paleta. Están los que trabajan a partir de imágenes preestablecidas y están los que necesitan la presencia de una persona a la que pintar; algunos buscan sustentar su abstracción en doctrinas religiosas y otros su figuración en doctrinas sociales; y también hallamos a los que más bien les interesa desligar la pintura de alguna forma reconocible. Incluso existe un lugar para una mirada enraizada en la época prehispánica de nuestro territorio, así como propuestas que hurgan en el interior de la tradición pictórica occidental y, en oposición complementaria, encontramos todavía a quienes recurren a pigmentos naturales para expresar sus raíces. Son miradas distintas y válidas que tienen como base una sola necesidad: Pintar. En el silencio de sus trazos, el autorretrato interior de cada artista se manifiesta. Por eso es tan cierto que a un pintor no debe creérsele todo lo que dice, pues para conocerlo hay que enfrentarse a su trabajo. Si tiene carácter, se verá. Si es débil, no podrá ocultarlo. Toda pintura es una radiografía de su autor. Como decía Picasso: “La calidad de un pintor depende de la cantidad de pasado que lleve consigo”. No se trata aquí de la edad cronológica, sino de la intensidad de los días vividos. El artista necesita vivir, necesita conocer, saber, para poder compartir, para decodificar, para testimoniar. Si no hay una vida que sustente la obra, una vida y no solo un concepto, si no hay un espíritu, si no hay experiencia, entonces sólo estaremos ante un despojo técnico, una idea informe, un montón de colores ordenados de cierta manera estética y nada más. Así como toda obra es un retrato de su autor, toda colección es un reflejo de su galerista. Que Amelia Pinzás haya elegido inaugurar su galería con los pintores que se presentan hoy dice mucho de su personalidad abierta y arriesgada. Fácil hubiera sido colgarse de grandes nombres establecidos o de embusteros fútiles cuyo único fin es agradar. Como artistas, como galeristas, como coleccionistas, alejémonos de esos facilismos insufribles, de ese cáncer que rebaja el oficio y la individualidad del artista de carácter a un mero mercantilismo. Crezcamos como generación, sí, pero no a costa de nuestras creencias plásticas. La fortuna premia la persistencia y, precisamente como generación, a varios de los pintores presentes les tocará definir la plástica local de los próximos años. Al contemplar sus obras, sus diferencias, al observar el punto de equilibrio entre los aciertos y errores que forman un estilo, se alberga una esperanza. Las vicisitudes de la vida irán definiendo vocaciones y descartando otras; cada uno tendrá más recompensas y más decepciones, que las han tenido ya, propias de este oficio. Que la vida les sea propicia ahora y en adelante, que continúen en este largo fracaso que es el triunfo de vivir para pintar y no pintar para vivir. Que sean como un Jano, de belleza heridos, olfateando el último rastro de trementina.


IVÁN FERNÁNDEZ-DÁVILA
Noviembre, 2008.