viernes, 25 de abril de 2008

Reconocimiento a José Sabogal, el artista olvidado por Domingo Tamariz Lúcar

Muchos personas que "leen" este blog pueden tener algo relacionado al arte, otros que leen otros blogs o publicaciones y hasta libros de arte también. Entre artistas e historiadores del arte, historiadores y periodistas con opinión pública nadie hasta el jueves 3 de abril se acordó de dedicarle unas líneas a uno de los pilares en nuestra historia de la plástica peruana quien este año se celebraría 120 años de su natalicio, el maestro José Sabogal (Cajamarca, 19 de marzo de 1888).

Gracias a un amigo artista que compartió un artículo que reproduciré aquí escrito por el periodista del diario El Peruano, Domingo Tamariz Lúcar donde menciona su culta indignación debido al olvido que este artista goza póstumamente. Menciona que ni por los 120 años y peor hace dos años que se cumplió 50 años de su muerte, nadie se acordó de ello. Desde este blog trataré de apoyar a derribar ese olvido de quien fué el padre del Indigenismo, corriente artística de la cual todos sabemos de qué se trató.

Aquí copio y pego el artículo mencionado y de paso una pequeña autobiografía escrita para la revista PRO -ARTE en Santiago de Chile (Enero de 1957)

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RECONOCIMIENTO A JOSÉ SABOGAL


El artista olvidado
Domingo Tamariz Lúcar.
Periodista


Llegó al mundo de la pintura en una época en que la imagen del hombre andino y su entorno eran totalmente ajenos al arte. Fue así hasta 1919, año en que José Sabogal presentó una exposición donde por primera vez “el indio real y contemporáneo –a decir de Luis Eduardo Waffarden (sic)– se convertía en personaje central de la pintura”.

Hace unas semanas, se cumplieron 120 años del nacimiento de este excepcional pintor y, sin embargo, nadie lo recordó, siquiera en unas líneas. Dos años atrás sucedió lo mismo al conmemorarse, nada menos que 50 años de su muerte. Es lamentable que esto ocurra con el hombre que pugnó por darle un sello original a la pintura peruana.

José Sabogal nació en el pueblito de Cajabamba (Cajamarca), el 19 de marzo de 1888. Ni bien terminó la secundaria ya soñaba con recorrer el mundo. A los 16 años trabajó en la hacienda Cartavio y empezó a ahorrar para plasmar ese sueño. En 1908 viajó a Europa y se instaló en Roma.

“Mi permanencia en esa ciudad, sumergido en su poderoso ambiente de arte y luchando por el estudio y por el sustento, fue una etapa intensa, inquietante y básica en mi formación estética...” –anota Sabogal en sus memorias–. De Italia pasó a Marruecos, luego a Francia y España. En 1910 regresó a América, y ancló en Buenos Aires, donde reinició sus estudios de pintura.

Dos años después, al concluir sus estudios, funge de profesor de dibujo en la Escuela Normal de Juanjuy, región que conservaba grandes huellas de su pasado incaico. Allí conoce al profesor Jorge Bermúdez, pintor localista, cuya temática influyó, sin duda, en su decisión de pintar temas vernaculares. Planeó entonces viajar al Cusco.

En la ciudad imperial vivió seis meses prendado por la magia de sus calles, plazas, iglesias. Fue allí donde inició su etapa indigenista. Al año siguiente irrumpía en Lima con una exposición que haría historia. En 1920, Daniel Hernández lo nombró profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes, recientemente inaugurada. En 1922 se casó con la escritora María Wiese. Ese mismo año viajó a México, donde alternó con Rivera y Orozco, cuyas pinturas lo impactan tremendamente.
Es la época en que conoce a Mariátegui. Sabogal es el autor del logo de la revista Amauta, de inconfundible corte indigenista.

A la muerte de Hernández pasó a ejercer la dirección de Bellas Artes, donde durante diez años infundió a sus alumnos la necesidad de crear un estilo indigenista. Lo siguen en esa orientación: Julia Codesido, Camilo Blas, Enrique Camino Brent, Jorge Vinatea Reinoso, Carlota Carvallo y Apurímac (Alejandro González, pintor trujillano). Sabogal precisó, en cuanta oportunidad tuvo, el sentido del movimiento. No era su propósito pintar indios, como muchos creen, sino hacer un tipo de arte original, que expresara el carácter y la idiosincracia del Perú.

En 1943 renunció a la dirección de Bellas Artes y tres años después fundó el Instituto de Arte Peruano. Se dedicó entonces con más ahínco que nunca al estudio de las artes populares y escribió varios libros: Mates burilados, Pancho Fierro, El toro en las artes populares del Perú, entre otros.
Pinta, hace xilografía, escribe y concibe murales, como el del Hotel de Turistas del Cusco y el tríptico de estampas limeñas del Hotel Maury.

Su trabajo es intenso. Y así, en ese apasionado empeño, lo sorprende la muerte, el 15 de diciembre de 1956. Su arte comprende, ha escrito Basadre: “el Perú en su variedad histórica, geográfica y étnica”.


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JOSÉ SABOGAL
AUTOBIOGRAFÍA




Nací en Cajabamba, ciudad de provincia en el departamento de Cajamarca (Perú) a 2,700 metros de altura, ubicada en bella vertiente ancha y fértil, con abundantes arroyos, juguetones riachuelos y caudaloso río en el cercano valle de clima tropical. Sólo la etapa de mi infancia transcurrió en esta Arcadia andina en el encuentro de dos siglos: fines del siglo XIX y alborada del XX.

A los nueve años intenté una escapada hacia la costa. En el camino frustraron la aventura amistades de mis padres. A los doce años conocí el mar; una beca me llevó a un colegio trujillano. pero a los pocos meses fugué del internado y en cinco dias de marcha a pie volví a mi pueblo.

A los dieciseis años salí para correr mundo. En el valle de Chicama quemé mi adolescencia en aras de mi ilusión de viajar a Europa. A los veinte años me embarqué para Lima y algunos días después por la ruta de Panamá me dirigí a Italia.

En Roma inicié mis estudios para pintor con apasionada voluntad, como vengando mis años de la adolescencia. Mi permanencia en esa ciudad, sumergido en su poderoso ambiente de arte y luchando por el estudio y por el sustento, fue etapa intensa, inquietante y básica en mi formación estética.

En Italia viajé por sus bellas ciudades y pueblos. Viajé por Francia y por las costas africanas, Argelia y Marruecos. Entré a España y recorrí mucha península con la rara sensación de ser o no ser así como hijo pródigo de la bravía tierra española.

Dejé Europa en aventura de buque velero radiqué en Buenos Aires; reanudé estudios y corrí grata y fecunda bohemia con inolvidables camaradas de arte. En los Andes argentinos del Norte hice provechosa tarea de paisaje y de figura, con los autóctonos, como interesante motivo.

Volvía a Buenos Aires con fines de retorno a Europa, pero la belleza inédita de los Andes americanos tuvo en mí fuerte atracción y planée viajar a Cusco. Realicé un viaje inolvidable por la magia arcaica que la ruta del Altiplano, el Titicaca y el sagrado río Vilcamayo operaron en mi sensibilidad.

En Cusco me detuve seis meses sólo dedicado pintar tratando de interpretar su carácter, su bella luz plateada y sus dorados "soles de los gentiles". Esta tierra cusqueña tuvo fuerte embrujo en el desarrollo de mi posterior obra en el Perú.

De Cusco me dirlgí a Lima por la ruta del ferrocarril y el mar, y otra vez yo iba recogiendo con, unción las bellas estampas de la variada efigie peruana, estampas directas y sentidas que ha formado en mí la devoción estética por mi país.

Expuse mis telas pintadas en Cusco, el 15 de Julio de 1919, aprovechando un remanso de la borrasca política de esa hora. Cayó esta muestra como si fueran motivos de exótico país; el medio limeño aún permanecía entre los restos de sus murallas virreinales, con mas conocimiento de mar afuera que de mar adentro.

En la opinión pública se suscitó acalorada controversia Esta actitud que levantara mi muestra, fue para mí muy grata, pues no hubo ante ella actitud de indiferencia. Mi primera presentación, en Lima a mi vuelta del exterior con pinturas pintadas en Cusco fue la iniciación del movimiento de nuestro "redescubrimiento", tocándome a mí ser el portaestandarte y "cabeza de turco" para la diatriba. A base de esta exhibición vino mas tarde el grupo de pintores motejados de "indigenistas" por la razón de buscar la expresión étnica de nuestro país.

Viaje a México en la hora inicial del poderoso (Movimiento artístico que hizo el milagro de colocar al país azteca en la carta geográfica del arte universal. Volví con mayores ímpetus para continuar mi peregrinación de pintor por el territorio peruano. Nuestros viajes aún continúan, los pintores "indigenistas" siguen en este plan y hace ya algunos anos que, también en el Perú se ha logrado alguna representación en el mundó de las artes, por el esfuerzo, ideales y calidad del grupo Fuí invitado a Estados Unidos, en 1942 después me dirigí a México y me acogieron en lo oficial como huésped del gobierno y en lo particular, en el campo de los artistas, con cl encanto de una ,acogida fraterna.

De regreso en 1943 reanude mis funciones de Director de la Escuela Nacional de Bellas Artes, pero en Julio del mismo año urgido por mis inquietudes de pintar opté por mis propias tareas.
En 1946 acepté el simpatico requerimiento del Museo de la Cultura Peruana para formar el Instituto de Arte Peruano. Los seis pintores "Indigenistas" que lo formamos investigamos en las Artes Peruanas de todos los tiempos y ya hemos logrado formar del periodo moderno el Museo de las Artes Populares.

José Sabogal- Publicado en PRO -ARTE , Santiago de Chile - Enero de 1957.